Hace una semana la Universidad Pública se vio remecida por los comentarios y planteamientos de la congresista Marta Hildebrandt. Nos sorprendió no solo por romper su record de ser la congresista que menos proyectos de ley a presentado en sus dos últimos periodos congresales, sino porque pretendió alterar la función de la Universidad Pública. Y lo hizo de la manera más cínica y malintencionada: pretendiendo vendernos los conceptos de nacional y público como sinónimos.
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